

Estimado lector:
Escribo estas líneas convencido de que Serendipia es, sobre todo, una necesidad. Lo es como instrumento independiente del poder político y económico pero, sobre todo, como dependiente del cada vez más debilitado poder intelectual. ¿Dónde está hoy en Galicia el intelectual? Seguramente, como señaló Jean-Claude Milner a propósito de Francia el intelectual ya no existe como crítico: “El intelectual de hoy, pusilánime ante los fuertes, duro con los débiles, ambicioso sin intención...”, todos podemos ponerle caras. Hoy el intelectual es sumiso al dinero, al prestigio, al poder. En un lugar donde se confunde la pluralidad democrática con el ‘vale todo’, donde se valora más el silencio improductivo que la presencia crítica, Serendipia simplemente ofrecerá una voz curiosa por el saber, pensará libremente.
El tema del ‘silencio de los intelectuales’ emergió en la Francia de Mitterrand ante la desilusión de que la ‘izquierda unida’ no era capaz de llevar a cabo su slogan de ‘cambiar la vida’. Ahí nacía el dilema y más tarde, la polémica suscitada por Le Monde.
Pero el intelectual, que guarda la capacidad de tornar la ciencia cultura, debe meterse ‘donde no le llaman’, ya que obedece a valores universales que llamamos ‘ideales’. Como afirmó en una conferencia Francis Wolff, el intelectual es aquel que transforma una autoridad intelectual en autoridad política en nombre de una autoridad moral.
Como en la Francia de 1983, en la situación brasileña actual o en Galicia, nunca los intelectuales gastaron tantas palabras para justificar por qué no dicen nada. Seguramente por eso tienen tanto éxito los blogs, siempre subjetivos ante la falsa objetividad de gran parte de la prensa. Quizás su escritura parabólica los acerque a las paradojas sublimes de la poesía, que desde aquí potenciaremos convencidos de sus recursos y posibilidades si se le concede un lugar en los medios. Las palabras pueden mudar las convicciones, provocar una reacción. No nos vendría mal un periodismo como el de Marx, analítico respecto a los periódicos que lee. Ser de una determinada ideología no debe significar sumisión y sí combate interno, para revelar sus contradicciones, para desvelar sus puntos ciegos. Podríamos pensar en cuando Sartre criticaba a los filósofos del XVIII que ‘cuando buscaban el hombre, sólo llegaban al burgués’, pero sobre todo en André Gide, que rechazaba la táctica intelectual para ofrecer otro tipo de compromiso, renunciando a ser escritor y admitiendo su sumisión partidista. Más tarde señalará: “No hay partido que sea dueño de la verdad, ni dueño de mí. Tan pronto la mentira interviene, no me acomodo, mi papel es denunciarla. Si el partido la abandona, yo abandono el partido en ese momento”. El intelectual no debe abandonar su purismo –sus consideraciones abstractas– en pro de unos intereses políticos o económicos inmediatos. El silencio es la negación más absoluta de lo intelectual.
Serendipia procurará esa credibilidad perdida y tratará de esquivar la impostura y falta de independencia, evitando la prisa (algunos no tienen tiempo ni para responder a los e-mails) para conformar una actualidad nunca impuesta, sino aquella que nace entre las líneas. Así, tendremos algún que otro ‘muckraker’, término que nace del encuentro del estiércol y el rastrillo, preparado para remover en lo social. Porque hoy pocos son los periodistas que investigan, o que les dejan hacerlo. Es el tiempo para los esguinces de futbolistas o para los devaneos de toreros o grandes hermanos. También para los atascos, para el frío; porque lo incómodo siempre es invisible, como los trapicheos de los aparentemente intocables, por supuesto.
Sin buscar la guerra, en Serendipia perseguiremos el debate, el pensamiento. Lo haremos estemos o no de acuerdo con nuestros colaboradores, con sus opiniones, con su opción política. Trataremos de someternos a una información ecológica ante tanta noticia contaminada, así como de brindar una nueva manera de luchar por nuestra cultura, adaptada a nuestro tiempo y convencidos de que el triunfo del libre mercado no es el triunfo de la democracia. Seremos por tanto una alternativa más a la concentración mediática y cultural que reduce, considerablemente, la pluralidad.
En un momento donde priman cada vez más los periódicos sin periodistas, sin precio, sin lectores conscientes y las simples estructuras comerciales, buscaremos las firmas de quienes tengan algo que decir. Porque las ideas se pagan, aunque muchos no semejen saberlo. Muchas veces están ahí; detrás de los DVD, figuritas o libros que adquirimos independientemente del periódico que los ofrezca. Y aún así la escala de ventas de periódicos cae un 2% cada año en todo el mundo. En Dardo-ds –editorial y empresa de diseño ligada a lo cultural– lo sabemos, pero luchamos contra ello en todos los productos que editamos; creemos en lo que hacemos y entendemos que nuestro lugar y credibilidad está en ese ejercicio de resistencia, en la serenidad. El resto ya llegará.
EL EDITOR
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