

Estimado lector:
¿Continente o contenido? ¿Forma o fondo? En una tierra habitada por gallegos, más acostumbrados a llenar el plato que a elogiar la vajilla, la Cidade da Cultura se presenta como un desafío, como un estadio de 100.000 espectadores en busca de equipo para jugar la Champions. Mausoleo u oportunidad histórica, la obra de Eisenman está ahí, no hay vuelta atrás, ya digo, como el césped de un Maracaná que necesita un Pelé.
No va a ser lo que muchos querían que fuese, pero a cualquier proyecto de este tipo hay que buscarle una rentabilidad cultural, de ocio, turística y, por supuesto, económica. Patrimonio de la Humanidad gratuito ya hay uno en Compostela, el casco antiguo, lo que hace falta en Gaiás son buenas ideas, ajenas a los vaivenes de las urnas, a la derecha, a la izquierda y al centro.
Todos los ciudadanos de Galicia vamos a pagar la Cidade da Cultura, pero hay quien prefiere enarbolar una bandera en la que se exija una recompensa y hay quien prefiere mantener el discurso victimista de que somos tercermundistas, catetos e incapaces de defendernos ante el poderío exterior.
Gaiás debe tener una gestión privada, con ayudas y subvenciones como cualquier otro complejo de estas características. Y Galicia tiene empresarios y grandes fortunas suficientes para hacer de la Cidade da Cultura un lugar atractivo para los touroperadores, las familias, los jubilados, los jóvenes con estudios universitarios, los matrimonios con hijos, los homosexuales y los carcas. Ese es el reto, que seamos los gallegos los que gestionemos Gaiás y lo hagamos viable. Arquitectónicamente tiene un valor, gustos al margen, pero el plato necesita un producto atractivo.
La última vez que visité el Guggenheim de Bilbao, la planta principal estaba llena de niños pintando fantasías en un taller organizado por el BBVA. En el auditorio, la Kutxa patrocinaba el primer campeonato del mundo de ajedrez a ciegas, y la exposición principal era de arte africano, nada del otro mundo. Pero el museo estaba lleno.
En el caso de que las cajas, bancos, empresas e inversores gallegos no quieran entrar en Gaiás (o no les dejen), serán otros, catalanes, madrileños o franceses, los que se hagan con las fundaciones que van a gestionar la Cidade da Cultura. Compañías que pagan sus impuestos fuera de la comunidad y vendrán a Santiago a hacer caja, a aprovecharse de ese proyecto de Estado que anunciaron Zapatero y Touriño. Estaremos entonces ante otro caso de deslocalización, le echaremos la culpa de lo que está pasando a quien ocupe San Caetano y gritaremos ¡Nunca Máis!
Continente y forma públicos, contenido y fondo fundamentalmente privados, porque al sector público le interesa que la gente se acerce a Galicia y al sector privado no perder dinero en sus apuestas. Repito, Patrimonio gratuito ya hay uno, dejemos de llorar y llenemos el estadio de gente aunque en vez de fútbol haya ópera, o rock, o campeonatos de ajedrez a ciegas.
El director
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