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Cita a ciegas :: José Miguel A. Giráldez
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Serendipia ha preparado una segunda cita a ciegas, en esta ocasión con la complicidad del polifacético profesor José Miguel Giráldez –crítico de televisión habitual en las páginas del Grupo Correo Gallego, donde también conduce un programa de radio. Aunque en esta cita, todos parecían ser víctimas del encuentro: los primeros invitados, Victoria Rodríguez y Xoán Barro, conocidos presentadores de TVG y TVE respectivamente, el cómplice, J. M. Giráldez, que tienta la suerte a partir de una entrevista sin guión, y los visitantes sorpresa que fueron apareciendo paulatinamente: Luis Pérez –redactor jefe de El Correo Gallego y director de Correo TV–, Virxilio Costas –director de la Radio Galega– y Xabier Fortes, nuevo responsable del Centro Territorial de TVE en Galicia, en cuyo plató se realizó esta cita a ciegas sobre el universo de las comunicaciones. Una cita con cierto aroma clandestino.

(...)

J.M.G.- ¿Es la televisión un hijo de la madre sociedad?

L.P.- La primera responsabilidad es de los poderes públicos. Los operadores, aunque son privados, les han otorgado una concesión, son un servicio público. Pienso que yo tampoco sería tan crítico, porque la sociedad está preparada para asumir esos programas y relativizar todo. Lo hacen más por divertirse que por emular a esos personajes, no son modelo para la mayoría de los espectadores...

V.R.- Creo que sí son un modelo en el sentido de éxito económico. Entonces sí se convierten en un modelo. En cuanto al debate de si son los medios o es la sociedad, son los dos y los dos se retroalimentan, y si hacemos un viaje en el tiempo hace quince años no había el tipo de programas que hay ahora. La sociedad ha cambiado al tiempo que cambiaron los medios.

X.B.- La sociedad es consumidora de televisión, consume lo que le da la televisión, no lo que demanda. Los operadores programan productos de fácil audiencia, de esos que tratan de conocer las miserias de los demás, y siendo un país de cotillas, pues triunfa un programa de fácil asimilación, porque lo primero que hace una persona al llegar a casa es encender la televisión.

X.F.- Pongamos un pequeño matiz: eso sería hace diez años, que existían cinco canales, ahora la gente puede elegir lo que quiere ver.

J.M.G.- Elige relativamente, porque lo que más se ve son los canales generalistas. La gente consume entretenimiento, los programadores suelen decir esta palabra mágica y a veces lo califican como blanco y familiar…

X.B.- Políticamente correcto.

J.M.G.- Es una hipócrita definición, ¿qué es realmente el entretenimiento?, ¿es entretenimiento sólo este tipo de programas que tienen clara preponderancia en algunas parrillas? ¿Es eso el único entretenimiento posible?

V.C.- Cuando juzgamos los contenidos de televisión partimos de unos principios equivocados. Primero pensamos en la televisión como un medio de influencia, en algo capaz de tener controlada a la masa; demos a la masa lo que nosotros queremos y que la masa responda como nosotros queremos. La televisión es un electrodoméstico de entretenimiento. La gente llega a casa y en vez de hablar con la pareja consume televisión haya lo que haya, le guste o no le guste, viendo pasar una serie de imágenes que le permiten relajarse tras la jornada de trabajo.

J.M.G.- Entonces, ven las imágenes, pero les interesa menos el contenido…

V.C.- Hay datos que debemos tener claros. La prensa la lee el 45% de la población y el consumo de radio está sobre el 55%, la gente tiene una motivación, es un público muy selectivo con cierta inquietud, formación. En el caso de la televisión, el consumo es del 90% y ahí entra todo el arco social. A la hora de instalar un medidor de audiencia no se escoge al más listo de la sociedad porque todos los espectros sociales son seleccionados al instalarlos, al final el resultado acaba funcionando como una especie de democracia media de lo que es un país. Si vamos a cualquier parte del mundo toda la programación es homologable, salvo raras excepciones. Luego hay una teoría dominante que son los EEUU: ellos explotan no sólo su televisión sino todos sus productos, como su manera de hacer cine; nos venden todo como ‘una manera de modernidad’.

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