La Gran Mascarada de la Ciudad de la Cultura
Lo anunciaba con acierto Pedro de Llano en declaraciones a El País: “La Ciudad de la Cultura ya es Santiago”. En esas lúcidas y valientes declaraciones del arquitecto, tildaba de disparate el megalómano proyecto en un país que no puede afrontar ese gasto. La virtual existencia de un plan derivó en la simple continuación del proyecto anterior, aunque ahora ya no se ve como mausoleo sino como museo. “Decir que se quiere hacer uno de los diez centros museísticos más importantes del mundo revela una incultura tremenda o una falta de vergüenza sin límites”, aseveraba Pedro de Llano, creemos que con razón.
Abrir unos centros para cerrar otros es un absurdo y con esta suerte de políticos jugando a ser ‘culturetas’ y ‘gestores de la cultura’ convertidos en bufones de corte con tragadera política interminable, pues poco debemos esperar. A la rocambolesca idea de crear un centro de arte internacional tenemos que unir el giro localista de la programación de lo que ya era un centro de arte internacional: el CGAC. Su director declara que “no sería incompatible con el Centro Galego de Arte Contemporánea (...) No creo que haya un proyecto cultural que le quite el público a otro porque en mi opinión hay público suficiente para todos”. Brillante conclusión. Seguramente la idea será convertir este otro Centro en un salón de actos ‘para todo’ y contabilizar, como ocurre en el CGAC, a la gente que asiste a un acto que nada tiene que ver con el arte y que no visita el museo como visitante, para no mostrar las cifras reales de una alarmante falta de interés. Más sinceras semejan las declaraciones de Iñaki Martínez, director del MARCO de Vigo: “No entiendo para qué se crea un centro de arte internacional. Nosotros ya hacemos exposiciones con artistas internacionales y con poco dinero. Si lo que se quiere es traer a Galicia una exposición del MOMA no se necesita una Cidade da Cultura sino tan sólo un millón de euros”.
Es obvio que ni los más críticos con el proyecto de la Ciudad de la Cultura tuvieron el valor de echarla abajo porque había mucho dinero público en juego. Pero al mismo tiempo entendemos que la definición de contenidos se ha hecho casi como un juego de niños, muy alegremente, y no con la profesionalidad que exige una inversión de tal envergadura. La convocatoria de un número desmesurado de agentes culturales para debatir ‘en grupitos’ declinó en disparates como ese de crear un Centro de Arte Internacional. Particularmente, entendemos que el espacio Obradoiro puede tener sentido y resulta más moldeable al paso de los tiempos, aunque como siempre dependerá de la politización y capacitación de quien sea su primer responsable.
Entre la preparación de este dossier acerca del proyecto, estallaba la noticia de que la Ciudad de la Cultura pasa a ser un proyecto de Estado para desempeñar un papel de puente, de enlace cultural, entre Europa, España e Iberoamérica, en palabras de Emilio Pérez Touriño a los periodistas después de su cita con Rodríguez Zapatero. La implicación del Gobierno central en la Ciudad de la Cultura supondrá la creación, en breve, de una comisión de desarrollo del proyecto, en la que participará la Presidencia del Gobierno, los ministerios de Exteriores y de Cultura, y la Consellería de Cultura del ejecutivo regional de Galicia. Suponemos que para dar impulso a esa vocación internacional.
Por lo de pronto, la Consellería de Cultura y Deporte dispondrá en 2007 de algo más de 175,1 millones de euros de presupuesto, según explicó Ánxela Bugallo; la partida para la Ciudad de la Cultura se lleva más del 28 por ciento del presupuesto. No está mal cuando si tiramos de nuestra hemeroteca encontramos frases como estas de la jefa de gabinete, Fina Casal, antes de llegar al cargo: “Non teño claro que sexa papel da administración destinar tal cantidade de recursos na cidade da cultura en Santiago, porque poderían destinarse a promover a innovación, a creatividade, repartirse de maneira máis democrática e xeneradora de riqueza” (http://www.novoestatuto.com/paraaxente_ver.php?id_opinion=56). Donde dije digo, digo Diego.
Y mientras nos preguntamos que pensarán en Vigo, A Coruña, etc., de este exceso de infraestructuras en un Santiago que ya cuenta con las infraestructuras culturales suficientes. La ciudad de la Cultura, un proyecto que arrancó en 1999 de la mano del Partido Popular (PP) y fue replanteado después de agosto de 2005 con la llegada al gobierno de Galicia de la coalición formada por el Partido Socialista y el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), dará mucho de sí. El más contento de todos semeja ser el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, que construirá su joya sin importarle los cambios ni los usos posteriores. Entre tanto, tenemos que comernos comparaciones con el Museo Guggenheim de Bilbao, la Biblioteca de Alejandría, la Tate o el Centro Pompidou... al final, ¡seguro que lo llenamos de gaiteiros!
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