

Estimado lector, estimado elector:
Nueva cita electoral. Galicia, al igual que el resto de España, vivirá el próximo 27 de mayo una nueva llamada a las urnas. Los ciudadanos elegiremos a los gobiernos de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras más pequeñas localidades. Espadas en lo más alto. Es hora de la política de andar por casa, de la política que afecta al ciudadano de a pie, de la política doméstica, que no domesticada.
Los gallegos elegiremos 3.835 cargos municipales en los 315 ayuntamientos que se extienden como un puzzle por todo el territorio de la comunidad autónoma. ¡Difícil responsabilidad! La cita está ahí. Hay quien piensa que en unas elecciones municipales nos jugamos, más que en otras contiendas, nuestro futuro, nuestro bienestar y nuestra estabilidad. Así de claro.
La cita electoral del 27-M será capaz de detener los demás mecanismos que rigen la vida cotidiana: la economía parece ralentizarse, la cultura atraviesa un mes de letargo, los asuntos judiciales esperan a mejor ocasión, la actividad diaria se sitúa baja mínimos. Y así todo lo demás. La contienda electoral parece dominar nuestras vidas. Todo se convierte en política durante estos días. Nada parece más importante que la política. Es el centro de gravedad ciudadana.
Llueven las promesas electorales; los compromisos entre gobierno y gobernado vuelven a relucir. Unos y otros prometen el oro y el moro. Pero también es hora de ajustar cuentas, dicen los inconformistas. Los votantes, como sucede en cada cita electoral, tienen la oportunidad de pasar factura, de cobrar su peaje. O, si así lo deciden, de mantener la apuesta, de reafirmar la confianza en el político de turno. Es la ventaja de la democracia, que permite decidir a los ciudadanos, que asigna la última palabra al elector, que entrega la potestad al habitante de cada concello.
Las elecciones municipales, como asegura una mayoría de ciudadanos, llegan en un momento oportuno. Son tiempos revueltos, tiempos de confusión. Y el 27-M aparece como una buena oportunidad para enderezar el rumbo. La cita electoral, empañada por asuntos urbanísticos, por sospechosas adulteraciones de censos y por otros avatares, llega como ‘agua de mayo’. 2.311.620 gallegos depositaremos de nuevo nuestra confianza en los desprestigiados políticos locales. Y, salga quien salga, elijamos a quien elijamos, votaremos para exigir transparencia, responsabilidad y honradez. Para que nuestros municipios sean un espacio para compartir, un espacio para construir un futuro en común, un espacio para el diálogo, para que nadie acepte a quien pretenda sacar tajada. Votaremos para exigir que se expulse a quien quiera aprovecharse de sus votantes.
104.457 gallegos, que ya cumplieron 18 años de edad desde la última cita con las urnas, introducirán su voto por primera vez. Llegan vírgenes al ejercicio de la democracia. Exigiremos que a las primeras de cambio no se sientan asqueados de sus gobernantes. Ni ellos ni los más veteranos. Es el momento de corregir el rumbo.
El director
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