

Una campaña electoral en Galicia son quince días /non-stop/, un maratón que arranca con la pegada de carteles y concluye con el mitin final. En las semanas previas a la prueba, que este año comienza el jueves 10 de mayo por la noche, los periodistas disfrutan por anticipado de los días libres que su empresa les va a impedir cogerse durante la carrera, durante los 14 días en los que vivirán en una burbuja en la que ya todos saben moverse muy bien.
Al margen de las novedades que implican las nuevas tecnologías, la rutina en este tipo de situaciones es similar en Galicia desde hace una década. El ciclón Fraga y el merchandising que lo rodeaba sirvió para que partidos y medios de comunicación de este extremo de la península aprendiesen lo que es una campaña electoral. Sorpresas: las justas; es en estas quincenas cuando la frontera entre la independencia de la prensa y los poderes públicos se pone más en entredicho. Cadenas de televisión, emisoras y periódicos se decantan por unos u otros en función de sus intereses comerciales. Es decir, en función del dinero que cada formación decida apostar para lograr los mejores resultados en las urnas. En cualquier comicio hay un 30% de indecisos a los que todos desean convencer en dos semanas; las promesas de cada mitin son importantes, sí, pero los políticos no son nadie sin el canal que logra que esas promesas lleguen a la ciudadanía, al votante, al indeciso.
En Galicia, un mes antes del inicio de la campaña los principales partidos palpan las intenciones de los medios de comunicación. Si están dispuestos a dedicar un redactor y un fotógrafo a cada líder político regional (Touriño, Quintana y Núñez Feijóo), es el momento de poner en marcha la caravana electoral. Un autobús recoge cada día a los periodistas en Santiago para llevarlos al lugar donde se celebrará el mitin, incluso dos si son unas autonómicas o una organización apuesta por una campaña intensa. Las nuevas tecnologías permiten esta posibilidad, ya que hace tan sólo una década los ‘plumillas’ hacían la crónica por teléfono o al llegar, en ocasiones de madrugada, a Compostela. Eran jornadas en las que las rotativas debían tener paciencia. Ahora ya no: cada periodista se traslada a cualquier parte con un ordenador portátil debajo del brazo, por lo que los vestuarios del pabellón en el que se ha celebrado el mitin o el propio autobús son una buena manera de ahorrarse pasar de nuevo por la redacción.
Junto a la decena de periodistas que siguen a los tres líderes gallegos, se mueve el grupo de comunicadores de los que cada partido dispone. Equipos cada vez más numerosos que intentan ayudar y en cierta medida presionar a los profesionales de los medios de comunicación. ¿Las estrategias? Muy diversas: algunos optan por el cubata de medianoche y otros por la amenaza para llevarse al huerto a los periodistas. Sobra decir que es más agradable saborear un whisky en cualquier pub.
A diferencia de lo que pasaba hace años, los jefes de prensa que ahora trabajan para los partidos gallegos son muy jóvenes, con una media de edad que ronda los 30 años, lo que ha servido para mejorar las relaciones entre estos y los periodistas. En ocasiones han compartido las clases de la Facultad de Ciencias de la Información y la campaña es un buen lugar para recordar anécdotas sin necesidad de agredirse. Es algo que los periodistas gallegos más veteranos aseguran una y otra vez: la competitividad entre los profesionales ha bajado; antes, un colega era a la vez un enemigo si titulaba mejor en la página 11 del día siguiente. Ahora, todo se comparte más, hay menos juego sucio, tal vez también porque ahora hay menos hueco para la improvisación: cada trabajador sabe bien el titular que su medio espera de él.
Temas estrella
Antes de su contacto diario con los medios, los políticos y los periodistas que trabajan para ellos preparan la jornada y el mensaje que quieren hacer llegar a la población. Esta vez, manda el urbanismo porque las encuestas aseguran que es uno de los temas locales que más preocupan a los ciudadanos. Si las elecciones fueran generales, sería mejor hablar de vivienda, seguridad o terrorismo, problemas que los votantes consideran más globales y que, por lo tanto, escapan del ámbito de actuación de sus alcaldes.
En función del municipio que vayan a visitar, líderes y asesores de comunicación preparan los discursos por la mañana mientras repasan el dossier de prensa. Si las cosas se han hecho bien el día anterior, hay pocas sorpresas en la lectura, ya saben qué periódicos van a apoyarles y cuáles están del otro lado. Pero, ya digo, es importante hacer las cosas bien, un malentendido con un periodista puede suponer una información no tan amable como cabría esperar. Al fin y al cabo, han sido compañeros de facultad y hay que portarse bien...
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