
PESSOANAS
:: Una conciencia de licenciado Vidriera. Un diapasón de sensaciones ínfimas como huracanes. En definitiva: una sensibilidad “que depende de un pequeño movimiento del aire”. Pessoa.
:: “Unos gobiernan el mundo, otros son el mundo.” (Pessoa).
:: No hay placer más intenso que el pessoano demorar el prepararse para existir cada mañana.
:: Mentir con toda el alma. Y decirse hasta no ser.
:: El mundo es un dios dormido. El comienzo de las cosas quiere ser una infancia renacida.
:: Melancolía: mal de frontera.
:: Pessoa: máscara. Peligro de los actores, que han de hacer pasar todos los afectos a la superficie. He ahí la catarsis, pero también lo abyecto, etimológicamente: lo expulsado. El yo es más que un actor, y menos que un escenario: es un laberíntico corredor sin fondo por el que soplan estas fuerzas endemoniadas. Como apuntara Henry James en Otra vuelta de tuerca – tan parecido es el americano al autor del Libro del desasosiego-, es más que probable que Pessoa supiese del parentesco entre los actores y los fantasmas, él, que se supo siempre el fatal compendio de ambas figuras.
:: Suprema máxima pessoana: lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.
:: Pessoa: “Creo que decir una cosa es conservarle la virtud y quitarle el terror.”
:: El yo es un sueño, hasta que una necesidad del prójimo lo crea nombrándolo.
:: Hay un aire extremo-oriental en Pessoa. En su rostro, por ejemplo, en sus ojos lejanos y minimizados tras los cristales; en su bigote incluso y su gabardina ritual, en su indumentaria de nadie y sus gestos sofocados. En su reserva de escriba o de calígrafo, y en el gusto por el secreto y la moderación exagerada, en la instintiva tendencia china a borrar sus huellas, a evitar encontrarse al descubierto.
:: Ausencia del horizonte: esencia del laberinto. Pessoa el encerrado, el oculto: el encubierto; un verdadero secreto entre iniciados.
:: Una posible definición pessoana del arte: el deseo de ser distinto, el deseo de estar en otro lugar.
:: El placer –y el peligro– de los enigmas no está sólo en su formulación, sino simplemente en su inextirpable persistencia más allá de todo estatuto y, por supuesto, resolución. Por ejemplo, y no es éste el menor que debemos a Pessoa: Dios existe, pero no es Dios.
:: Una enseñanza (bien podría ser pessoana): nadie y nacido comparten la misma raíz etimológica.
:: Otra, también apócrifa: ante el espejo, siempre parecemos supervivientes.
:: Pessoa-Bartleby: a fuerza de perfeccionarse, alcanzó la aniquilación.
:: Lo que más amaba de un río: su indiferencia.
:: Una copla para Fernando Pessoa:
“Voy como si fuera preso;
al lado camina mi sombra;
delante, mi pensamiento.”
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