
INTERFERENCIAS IV (De pintura)
• El tema más sencillo y más profundo de la pintura según Ortega: “un poco de materia puesta a arder.” (El espectador).
• Patinir: tortuosos caminos de la gracia.
• Debería analizarse la conexión, extraña y sin embargo tan presente en los bodegones, entre la calavera y las bolas del mundo. Así en Lichtenberg: “La calavera, un globo terráqueo.”
• La mejor definición de lo barroco, dada por Shakespeare: “dar nombre y música a la nada evanescente.”
• Gótico y románico. Dos movimientos inversos se aprecian entre ambos estilos: el de huir de la tierra al cielo en el gótico; el de no perder la tierra en el románico.
• Lo escribió el pintor Fontana: “la verdadera conquista del espacio por el ser humano es la liberación de la línea horizontal.”
• El pago de Vermeer. A su muerte, Vermeer debe al panadero 726 florines. La viuda, Catharina, entregó en pago dos obras del artista. No llegaron, sin embargo, para cubrir el monto de la deuda. Tan sólo valían 617 florines.
• Todos los paisajes huyen de nosotros. Patinir, de nuevo.
• La fuerza de Vermeer está en el fuera de campo, en sus reticencias y sutilezas, en sus seres abstraídos por completo del mundo de nosotros, como esa mujer que está pesando perlas en una balanza. Lo que vemos, en un segundo plano situado detrás de ella, no es otra cosa que una escena del Juicio Final.
• Voluntad de poder de la perspectiva pictórica: determinar un punto de vista que paralice al espectador.
• El ojo de la borrica en El descanso en la huida a Egipto, de Caravaggio. Nada más inquietante que esa mirada diabólica oculta en la maleza.
• En las pieles de Tiziano aún respira la libertad salvaje de las montañas de su infancia.
• La serpiente marina, que brota de las aguas y del inconsciente. En las mitologías de muchos pueblos es un ser doble. Benévola e inquietante a la vez, como en las pinturas de Urbano Lugrís. Representa la revancha de la naturalaza sobre la dictadura de la razón y, por otra parte, el retorno a la armonía por el exceso, al equilibrio a través de la locura.
• Se podría trazar toda una tipología de la pintura (incluso de la imagen misma) a partir de su captación de las sensaciones. Tendríamos, por un lado, una pintura retropoyectiva, que busca sedienta el oasis de las sensaciones confusas que se suscitan al nacer, como gustaba de decir Cézanne. (Su deriva negativa: el destino de lo que con Bacon y Deleuze llamaremos la imagen-ciénaga: maraña pictórica o batiburrillo ilegible de lo que ha perdido ya cualquier consistencia).En el otro polo, encontamos el anhelo de prestar una imagen del mundo. Cristalización plena insuperable, sin sucesión posible. Sería como la mirada última del moribundo. Aquel ser postrero que debe rescatar en un documento los datos vividos y visibles que se encuentra antes de desaparecer. Es la imagen que hallaríamos en el ojo del muerto. Transformación puramente visual de la materia, por tanto, a la manera, por ejemplo, de Cartier-Bresson.
• Entrar en un cuadro como en un sueño. Klee.
• Giotto tenía unos hijos muy feos. Cuando le preguntaron por qué creaba cosas tan hermosas en sus cuadros e hijos tan feos en la realidad, contestó: “Mis hijos son mis obras nocturnas y mis cuadros las diurnas.” He aquí un chiste que le gustaba contar a Gauguin.
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